CARTA AL MEXICANO.



CIUDADANO MEXICANO:

Me dirijo a ti para decirte que nuestro país pasa por tiempos aciagos la mayoría de nuestro pueblo vive agobiado por la pobreza, el desempleo y la inseguridad. Estos males, han sido causados por un grupo que se apoderó del Estado para imponer una política de pillaje a costa del sufrimiento de muchos y en detrimento del interés público.
Usted no debiera ignorar que la oligarquía imperante en México se conformó al amparo de las falacias del modelo neoliberal y a partir de que un Presidente ilegítimo, Carlos Salinas (1988-1994), entregó a sus allegados, –especuladores, traficantes de influencias y políticos corruptos–, empresas públicas, bancos y otros bienes del pueblo y de la nación. Al paso del tiempo, estos personajes no sólo siguieron acumulando riquezas, como no se ha visto en ninguna otra parte del mundo, sino que también fueron adquiriendo poder político hasta convertirse en una élite dominante que está colocada por encima de las instituciones constitucionales. Además, son dueños o controlan los principales medios de comunicación y fueron los que promovieron el fraude electoral de 2006 para impedir un verdadero cambio e imponer a una marioneta fraudulenta en la Presidencia de la República.
Como es obvio, a esta mafia no le ha importado el destino del país y mucho menos el bienestar de la gente. Durante más de dos décadas, México ha sido uno de los países con menor crecimiento en el mundo; desde 1983 se desmanteló la política de fomento económico y de generación de empleos; se dejó sin apoyo a los productores del campo, y se descuidó de manera deliberada el sector energético para arruinarlo y justificar la privatización de la electricidad y de la industria petrolera. El saldo del vandalismo y de esta absurda política es realmente lamentable: nuestro extraordinario pueblo ha sido condenado a la sobrevivencia o al destierro. A los jóvenes se les ha cancelado el futuro pues no tienen oportunidades de trabajo ni de estudios. Ya no hay movilidad social y ahora para salir adelante sólo han dejado el camino de la migración y el de las conductas antisociales. Millones de mexicanos viven hacinados, abandonados, enfermos y sin seguridad social. El hecho de hacer de su conocimiento esta tragedia, lógicamente implica pedir su intervención en un asunto que habremos de resolver los mexicanos en pleno ejercicio de nuestras libertades y soberanía. El fenómeno migratorio y la inseguridad se han originado por causas políticas, económicas y sociales, y es un error enfrentarlos sólo con medidas coercitivas, como si se tratara de un pleito entre policías y bandidos. Los muros en la frontera, las redadas, la militarización y las amenazas de mano dura son recursos propagandísticos que en el mejor de los casos atienden los efectos pero no resuelven el problema. La solución de fondo, la más humana y eficaz pasa necesariamente por combatir la corrupción y la pobreza; es decir, la tranquilidad, la seguridad y la paz social son frutos de la justicia. Consideramos que la relación entre mexicanos debe sustentarse en el respeto mutuo y en la cooperación para el desarrollo.


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MURGUITA DEL SUR - BERSUIT VERGARABAT (DE LA CABEZA 2002)
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sábado 13 de agosto de 2011

Mis imágenes no alcanzan





Fidel cumple 85 años. Quién lo iba a imaginar cuando hace apenas cinco, hasta los más optimistas llegamos a pensar que su cuerpo no resistiría la falaz emboscada que le tendió el destino, y ya no volveríamos a verlo, delante, frente al pueblo, hablando del ayer, del hoy y del mañana, señalando la ruta, alentándonos a todos a seguir camino, aún en los momentos en que todo parecía estar perdido.

Una repentina enfermedad obligaba a Fidel a tomar distancia de sus nombramientos, no de sus sentimientos, y el Comandante en Jefe se autodenominaba de un día para otro soldado de las ideas o compañero Fidel, cuando para nosotros, o mejor dicho, para todo nuestro pueblo, seguiría siendo por siempre, el Comandante en Jefe, o sencillamente Fidel, sin ninguna palabra delante por grande que esta fuera.

Fidel es Fidel, ya lo dijo Raúl. Porque Fidel es la Revolución en sí misma, Revolución “más grande que nosotros mismos”, Revolución “capaz de cambiar todo lo que deba ser cambiado”, Revolución “eternamente Revolución”.

¿Y qué hago yo hablando o escribiendo, cuando mi don, si algún don tengo, no es precisamente el de la palabra, sino el de perpetuar con mis ojos lo que ve mi corazón? ¿Será que mis imágenes no alcanzan y debo acudir a otras formas de expresión para decir lo que siento?

No soy escritor ni pretendo serlo, incluso, no soy fotógrafo ni camarógrafo ni artista: no poseo un solo documento que avale el ejercicio de tales profesiones. Sin embargo, en más de una ocasión he hablado y escrito, como ahora, sobre Fidel; lo he fotografiado, lo he filmado y creo alguna vez hasta haberlo dibujado. Pero hoy me guardo las palabras que quisiera decir, los elogios de su virtud que quisiera pronunciar, y a solicitud de mis colegas de La Jiribilla, prefiero mostrarles algunas de las fotos que pude tomarle en los últimos seis años, con la esperanza de que no sean las últimas y que, cámara en ristre, me lo encuentre alguna otra vez en el camino, con el pueblo delante, y yo, como siempre, con él.





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